El Partido de la Liberación Dominicana no ha ganado limpiamente
ninguna de las elecciones en las que ha participado desde 1996. Las de
este 15 de mayo no será una excepción. Todo lo contrario, serán las más
desiguales y fraudulentas de Ministros, viceministros, directores,
embajadores, cónsules, generales de las Fuerzas Armadas y la Policía,
están diseminados a lo largo y ancho del territorio nacional trabajando
para la reelección sin escatimar recurso alguno.
Nunca antes el derroche de recursos públicos había sido tan obvio,
tan “a la franca”, ni tan descarado y bochornoso como ahora sin que la
JCE, a pesar de estar facultada por la Constitución de la República para
impedirlo, haya hecho nada que no sea mirar hacia otro lado.
¿Qué más fraude que la extorsión y el chantaje al 23% de la población
inscrita en el padrón electoral que recibe algún tipo de beneficio
económico del gobierno? Todos los beneficiarios de los programas
existencialistas del Estado están siendo amenazados diciéndoles que
deben votar por la reelección, pues de lo contrario les serán anulados.
(Tarjeta solidaridad, seguro médico, bono gas, bono eléctrico) Los
empleados públicos tienen que asistir a los actos de campaña porque de
lo contrario corren el riesgo de ser cancelados. (Y la JCE? ¡Bien,
gracias!)
¿Qué más fraude que los dirigentes del PLD y funcionarios repartiendo
dinero en las calles sin ningún rubor como se ven constantemente en las
redes sociales, sin que la JCE haga nada al respecto? ¿Investigó la JCE
las sólidas denuncias de uso de recursos de las candidatas esposas de
los funcionarios que hizo el periodista José la Luz? ¿Qué más fraude que
la advertencia de Danilo cuando aseguró saber por quién votará cada
ciudadano? ¿Cómo lo sabe? ¿Acaso el voto no es secreto? ¿Qué dijo la JCE
sobre esas expresiones de Danilo? ¿Lo amonestó? ¿Lo invalidó? ¿Lo
obligó a retractarse por violar la ley?
Me pregunto, ¿por qué la JCE no impide las inauguraciones diarias del
candidato reeleccionista que se convierten en actos de campaña? ¿Por
qué no reguló el proceso electoral como lo manda la ley?
La JCE, igual que el TSE, está descalificada. Sí este fuera un país,
no una aldea sin regulación, todos los jueces habrían sido sustituidos.
La JCE forma parte del tinglado corrupto, mafioso y fraudulento de las
elecciones del 15 de mayo.
Con el conteo manual el PLD diseñó y aplicó múltiples formas de
fraude en las elecciones del 2012, lo que le permitió burlar la voluntad
popular y mantenerse en el poder con el respaldo de la JCE. Ahora, con
el voto electrónico, será igual.
La JCE no cumplió con su propio reglamento, ni con el protocolo
elaborado el año pasado. No cumple con su propia ley. Sus actuaciones no
son independientes ni soberanas. Se corresponden con el interés del PLD
de mantenerse en el gobierno.
Lo penoso, lo lamentable, es que la oposición no haya asumido una
posición firme ante todo cuanto ha ocurrido. (Cuando Morel Cerda era
presidente de la JCE y el presidente Hipólito Mejía buscaba la
reelección el PLD creo una crisis de grandes proporciones amenazando con
no participar en las elecciones. “Con esa JCE nosotros no
participaremos en las elecciones”, dijo Leonel Fernández. Hubo que sacar
a Morel Cerda y crear una comisión encabezada por Agripino Núñez, el
embajador de Estados Unidos, entre otros)
Lo dije y lo repito no importa las consecuencias que tenga que pagar.
Con todo el aparato estatal a favor de Danilo y los árbitros en contra
de la oposición, no hay condiciones para acudir a las urnas. Un juego
sin árbitros independientes, en un terreno que no es neutral, no puede
ser creíble.
El fraude está montado con el escrutinio manual o electrónico, ante
los ojos de todos sin que nadie diga nada o haga algo para impedirlo. Lo
grito de nuevo: ¡No hay condiciones para elecciones libres y
transparentes! ¡Lo del 15 de mayo será una farsa, a menos que el pueblo
diga no en las calles!
PD: No entiendo por qué el dueño de la JCE insiste en crear una
crisis si la reelección se impondrá con el 80% porque Danilo, como
afirmó, ya sabe por quién votará cada ciudadano hasta en el más apartado
rincón del país.
